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Accidentes nucleares: Chernóbil y Fukushima

                                                                                                                            

Claudia Romero Caballero.

Las tragedias conmueven al mundo en el momento que ocurren. Pese a que, unas se olvidan y otras permanecen, los accidentes de Chernóbil y Fukushima aún están grabados en las memorias de los involucrados. Son 35 los años pasados desde el primero, y diez, los del segundo, que como cada año ven marcados sus aniversarios.

 “Hoy celebramos el trigésimo quinto aniversario del accidente de la central nuclear de Chernobyl el 26 de abril de 1986, uno de los accidentes nucleares más graves de la historia”: son las palabras que dedicaba Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas al desastre de Chernóbil. Ya que, en esos días de abril, miles de personas tendrían que abandonar sus casas y sus vidas, debido a la seria contaminación producida en los reactores de esa cercana central nuclear.

Los gobiernos ruso, bielorruso y ucraniano aprovechaban este aniversario para rememorar los esfuerzos realizados durante ese tiempo, y que, actualmente, ayudaron a desarrollar medidas suficientes para la reducción de los riesgos y la reacción ante emergencias de tal magnitud. Ciertamente, hemos de reconocer que la colaboración de la ONU ha sido crucial en el abordaje de las necesidades humanas de aquellos todavía habitando la zona afectada. Independientemente de todo, se intentó que recibieran ayuda y se favoreciera en cierto modo el desarrollo tanto económico como social.

De hecho, el Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano, declaraba a Reuters, que: “El 35 aniversario de la tragedia de Chernobyl es un recordatorio de cómo la desinformación patrocinada por el estado, propagada por el régimen totalitario soviético, condujo al mayor desastre provocado por el hombre en la historia de la humanidad.”. Paralelamente, el gobierno ucraniano revelaría documentos de la KGB, alegando que la Unión Soviética era consciente de problemas de seguridad en la planta muy anteriormente al desarrollo del accidente.

Por otro lado, y como mencionábamos al principio, no únicamente Chernóbil enmudecía al mundo y planteaba un punto de inflexión respecto a la energía nuclear, sino que Fukushima Daiichi, lo retomaba también. Aunque, veinticinco años después, cuando un gran terremoto provocaría  un tsunami de 15 metros, que inutilizía el suministro de energía y el enfriamiento de tres reactores de la central nuclear de Fukushima.

Múltiples son las diferencias que separan ambos desastres. Sin embargo, para conocimiento de todos consideramos primordial su mención. En primer lugar, poseen la calificación más alta en la Escala Internacional de Eventos Radiológicos y Nucleares (INES), planteando lo diferente que fueron sus causas, la respuestas de sus gobiernos y los efectos que pudieron causar en la salud.  Además, Chernóbil estuvo motivado por un diseño defectuoso del reactor y a un error humano, mientras que Fukushima, estuvo causado por consecuencias naturales, como hacíamos referencia anteriormente.  Consecuentemente, sus respuestas, el gobierno japonés actuó rápidamente para implementar medidas de protección, evacuar personas, y las autoridades de la ex Unión Soviética tardaron en actuar para proteger el suministro de alimentos. Y, sin olvidar la muerte de 2005 de 15 niños por cáncer de tiroides.

En última instancia, también se diferencian en las víctimas que lo sufrieron.  Por un lado, ONU y OMS concluyeron que los riesgos para la salud de la radiación liberada durante el accidente de Fukushima son mínimos, incluso para los “más afectados”. Por el contrario, en Chernóbil  28 trabajadores  de la planta nuclear murieron por alta exposición a la radicación. E, incluso, existe un mayor riesgo de leucemia y cataratas entre los trabajadores, a quienes se realiza un seguimiento a largo plazo. (NEI, 2019).

La imparable investigación de los científicos, que continúan estudiando las consecuencias de las explosiones, nunca cesó. Al mismo tiempo, están tratando de comprender mejor cómo la radiación puede cambiar el material genético y cómo la exposición también se manifiesta en la genética de las generaciones futuras. Con las amenazas continuas para el personal y los residentes alrededor de la planta de energía nuclear de Fukushima, Chernbil y 440 reactores nucleares activos en todo el mundo, es crucial comprender los efectos generacionales y a largo plazo de las radiaciones ionizantes.

Para finalizar, quisiéramos citar de nuevo al Secretario General de la ONU, quien una vez dijo: “El desastre no conoce fronteras. Pero juntos podemos trabajar para prevenirlos y contenerlos, apoyar a todos los necesitados y construir una recuperación sólida “. Teniendo en cuenta que, estos eventos nos recuerdan la necesidad de una constante vigilancia que asegure el uso correcto de la energía nuclear, la relevancia de su supervisión y la imperante necesidad de evitarle sufrimiento al medio ambiente.

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