La división entre Europa occidental y Europa del este
Iratxe Goikoetxea García
- Objetivos de la investigación
En este análisis especializado de las relaciones entre los países de Europa occidental y Europa del este se tratará de poner en contexto la división histórica de Europa entre el este y el Oeste, debido a múltiples factores tanto políticos y económicos como culturales. Estudiar las diferencias y similitudes entre ambas regiones ayudará a comprender mejor en qué momento, cómo y por qué se produjeron dichas divisiones, así cómo han desarrollado las evoluciones de estas y su afectación a las dinámicas sociales y políticas en la actualidad.
Del mismo modo, al examinar ambas regiones se tratará de identificar aquellas áreas en las que los países de ambas disposiciones geográficas encuentran desafíos similares o comparten oportunidades. Se tomarán en consideración temas como la migración, la integración europea, el desarrollo económico, seguridad energética, entre otros temas; así como la colaboración entre países para abordar dichas cuestiones de la manera más efectiva.
Igualmente, se compararán indicadores socioeconómicos, políticos y culturales entre Europa occidental y Europa del Este que proporcionarán información sobre el progreso y desarrollo de ambas regiones. Esto puede incluir aspectos como: el nivel de ingresos per cápita, la calidad de vida de la población, el acceso a los servicios que proporcionan las instituciones públicas y al estado de bienestar o la estabilidad política, entre otros. De la misma manera se trata de identificar las disparidades y áreas de mejora de los países de ambas regiones, así como las medidas que tratan de igualar la situación entre ellos.
En esta línea, se tomarán en consideración las medidas que la Unión Europea y otras organizaciones regionales han desarrollado y aplicado para promover la cooperación e integración entre los países europeos. Es más, en esta investigación se busca identificar las potenciales barreras que impiden la integración y las estrategias que promueven una mayor cohesión y cooperación en toda la región.
En definitiva, investigar, analizar y esclarecer las principales diferencias y similitudes entre los países de Europa occidental y Europa del este tiene por objetivo principal: tratar de comprender la complejidad de la región europea, abordar los desafíos comunes y estudiar las oportunidades compartidas y la manera que se ha hecho uso de ellas para garantizar la integración regional y el desarrollo sostenible de ambas.
1.2 Hipótesis de la investigación:
Para la elaboración de esta investigación cabe tener en consideración varias hipótesis sobre la división entre los países occidentales y orientales de Europa. Entre ellas cabe analizar: ¿cuál fue el impacto de la segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría?, la finalización de la II Guerra Mundial determinó una clara diferencia entre la Europa occidental alineada con estados Unidos y la Europa Oriental, alineada con la Unión Soviética; así como la Guerra fría división Europa a lo largo de la Cortina de Hierro con una Europa comunista y una capitalista. En esta línea, ¿cuál fue la influencia de la Unión Soviética y de Estados Unidos en esta división?, La influencia de la Unión Soviética a través del Pacto de Varsovia sumada a la influencia de Estados Unidos con la formación de la OTAN contribuyeron a las divisiones políticas y económicas de ambas regiones. ¿Existió y existe una integración europea igualitaria para todos los países? Tras estos eventos históricos la incorporación de la mayoría de los países del bloque de este a la Unión Europa redujo algunas de sus diferencias, pero aun así persisten disparidades en términos de desarrollo. ¿la división responde a razones únicamente históricas o también geográficas? Existe la posibilidad de que la enorme división europea se debe a la ubicación geopolítica de los países de ambas regiones o que este sea un factor de los que han influido a sus diferencias históricas. ¿Existe un camino hacia un orden liberal entre las potencias de occidente y oriente en un escenario de interdependencia europea? Por primera vez, varias reformas democráticas en Europa del este han permitido crear expectativas razonables sobre la idea de un nuevo orden liberal que se extiende por toda Europa.
1.3 Metodología de la investigación:
En análisis de las diferencias, similitudes y divisiones entre la Europa occidental y Europa del este se hará siguiendo múltiples metodologías. Entre ellas: un análisis histórico, como se ha expuesto en las hipótesis anteriores, esta es la metodología más relevante ya que se deben examinar eventos clave en la historia de Europa como la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y su consecuente disolución de la Unión Soviética; este será, por tanto, el enfoque que permitirá comprender el origen de la división de ambas regiones. Así mismo, se hará uso también de un enfoque geográfico y político, en este se considerarán las alianzas políticas y económicas que han dado lugar a ambas regiones y su respectiva división, incluyendo la integración de algunos países del este a la Unión Europea. Otra metodología relevante será la comparación del desarrollo económico y social, el cual implica tomar en consideración indicadores como el PIB per cápita, las tasas de desempleo o la calidad de vida para así identificar las disparidades entre ambas regiones. Por último, re realizará un análisis de la integración europea, el cual es crucial para comprender las divisiones entre los países de occidente y oriente dentro de Europa. Este enfoque examinará cómo la Unión Europa y otras organizaciones han contribuido a la reducción de algunas diferencias sobre todo en términos de desarrollo.
- Análisis histórico
Los primeros momentos tras la Segunda Guerra Mundial, incluso en los últimos meses de esta, fueron clave para la división que viviría Europa desde ese momento hasta la actualidad. Teniendo en cuenta una línea temporal, tras la victoria en la batalla de Stalingrado, en 1943, por parte de la Unión Soviética frente al mariscal Friedrich Paul y su sexto ejército sumado a su poder bélico con un ejército que se extendía por la Europa del este proporcionaron a la URSS una posición de fuerza a la hora de las negociaciones posteriores a la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
De esta manera, la ubicación de las tropas soviéticas sería clave para establecer el llamado “nuevo orden europea” en la época de posguerra. Este orden, el cual fue ratificado en las conferencias de Yalta y Potsdam de 1945 ya crearía las os áreas de influencia que mantendría su división hasta la actualidad. De esta manera, la Europa de occidente quedó bajo la influencia de Estados Unidos, mientras que el centro y el Este de Europa quedaron bajo la órbita de la URSS.
Continuando con una línea temporal, durante el control soviético de los países de la Europa del Este se sucederían varias etapas: la primera época, desde 1945 hasta 1953, aparecería como única fuerza política en un régimen de no-oposición, de los Partidos Comunistas. Bajo el principio de “soberanía limitada”, es decir, el control sin intervenciones por parte de la URSS de los países bajo su yugo, se iniciaría el proceso de reconstrucción de la Europa del este. Tras la Segunda Guerra Mundial los partidos comunistas ganaron las elecciones por mayoría absoluta en los diferentes países del este lo que daría lugar a la práctica de la teoría socialista. Tras esto y gracias a la implantación del régimen del partido único, se implantaron reformas políticas fundamentadas en la colectivización de la agricultura y la nacionalización de los medios de producción de la industria. Estas medidas proporcionaron una etapa de crecimiento económico que fortaleció un espacio comunista en la Europa central y del Este al cargo y dirección de la Unión Soviética. Esto marcaría otra gran división entre ambas regiones que se analizará más adelante: la economía comunista frente a la capitalista.
La segunda etapa transcurrió desde 1953 (con la muerte de Stalin) hasta 1968. Se celebró el XX el Congreso del PCUS con el objetivo de iniciar el proceso de “desestalinización”. Durante estos años se producirían su vez las primeras protestas por la mala calidad de vida en países del bloque como Hungría y Polonia (1956), Rumanía (1964) y Checoslovaquia (1968), esta última terminaría de manera especialmente violente con la entrada de las tropas soviéticas del Pacto de Varsovia en Praga.
El último periodo, desde 1968 hasta 1989, estuvo marcado principalmente por dos factores: primero, las crisis económicas de 1973 y de 1979 que afectaron con especial virulencia a los países del Este; segundo, después de la Conferencia de Helsinki en 1975, el segundo período de la Guerra Fría. Los años setenta estuvo determinadas por constantes tensiones dentro de la URSS entre aquellos países cuyo deterioro era más evidente (los anteriormente mencionados Polonia, Checoslovaquia y Hungría) y el resto de la Unión Soviética. Mientras, por otro lado, Albania y Yugoslavia ponían fin a sus regímenes “particularistas”. En este último, la crisis era cada vez más evidente a lo que se sumaba la muerte de Tito en 1980, lo que hizo que el sistema yugoslavo se quebrase definitivamente a finales de los ochenta. En Albania, el régimen de Hoxa se aislaba cada vez más, lo que hizo que el modelo comunista se derrumbara definitivamente. Así en los años ochenta supusieron la muerte del modelo que se trató de instaurar en 1945 como alternativa del capitalismo en Europa del Este, marcando así una frontera imaginaria entre los países de Europa occidentales y orientales cuyas consecuencias se haría patentes hasta la actualidad.
2.2 Transición en los países de le Europa del Este
El fin de los sistemas comunistas se debe principalmente a factores: a nivel interno, el carácter impositivo, así como la falta de legitimación democrática de los regímenes comunistas. A este se le sumó el segundo factor: la renuncia de los partidos políticos al monopolio de la política, a causa fundamentalmente de la pobreza económica y la inestabilidad política de los países de la región. Sin embargo, lo fundamental para el fin de los sistemas comunistas sería los factores externos. Con la llegada al poder de Gorbachov en 1985 se inició la etapa del respeto a la soberanía de cada Estado del bloque del Este. De esta manera, desde 1989 hasta 1990 se celebraron por fin elecciones libre en Polonia, Rumanía, Bulgaria, Checoslovaquia y Albania, en las que los partidos comunistas fueron relegados del poder a lo que se le sumó la creciente influencia de los países de occidente y su referencia constante a la “democracia occidental” como única garante del bienestar, lo que daría lugar a las transiciones hacia dichos sistemas democráticos en la Europa del Este.
En definitiva, se pueden analizar tres tipos de transiciones que se vivieron simultáneamente: la política, cuya principal función es la de legitimar los nuevos sistemas sobre todo con la creación de textos constitucionales para cada Estado. Los modelos más adoptados sería la democracia parlamentaria dentro de un sistema presidencialista y multipartidista. Así mismo, tenía lugar la transición económica, es decir, el paso de una economía socialista a una capitalista de mercado, lo cual supuso grandes costes sociales para esos países. La última transición, tuvo lugar en el ámbito internacional; la disolución del pacto de Varsovia y del CAEM en 1991, junto con la división de Checoslovaquia, la reintegración de Alemania y la desintegración de la Unión Soviética dieron lugar a la llamada “nueva arquitectura europea”. Finalmente, la integración a la Europa occidental de los países del este se consagraría con la entrada a organismos como el Consejo de Europa y la Unión Europea y posteriormente la OTAN como el santo grial de la occidentalización, legitimándoles así ante la sociedad internacional como estados completamente democráticos.
2.3 La división desde occidente y la hegemonía de Estados Unidos en la zona occidental.
Durante la ya mencionada conferencia de Postdam, se decidiría, entre otras cuestiones, cuál sería el trato que se le dispensaría a Alemania como potencia vencida, así como temas de reparaciones o la administración conjunta de las potencias vencedoras. Aquí comenzarían las disputas especialmente en torno al tema de las respiraciones, ya que, mientras que la Unión Soviética proponía una suma reparadora fija para las cuatro principales potencias (Francia, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Estados Unidos), Estados Unidos optaba por ayudar primero a la reconstrucción de Alemania y posteriormente pedir la compensación económica. Como ya se ha observado en puntos anteriores la conferencia en la que se realiza el reparto de la Alemania de posguerra en un punto histórico clave que determinó la división e los ejes occidental y oriental dentro del continente europeo.
Así, finalmente, se decidiría por la división de Alemania en cuatro zonas, si bien además en Postdam de acordó la creación de un Consejo de ministros del Exterior de las cuatro potencias cuya función principal sería la preparación de los tratados de paz que debería firmar Alemania. Sin embargo, aquí nuevamente se vivió la disputa entre la URSS y Estados Unidos que impidió que el proyecto pudiera avanzar adecuadamente.
Esta situación de tensión entre las principales potencias se agravó con el hecho de que Estados Unidos se había propuesto tras la Segunda Guerra Mundial un nuevo objetivo: erradicar la amenaza que suponían los movimientos comunistas por medio de materiales como el Plan Marshall que trataba de “inmunizar” a los países de la europea occidental frente a las economías comunistas. De esta forma, se puso en funcionamiento la llamada Doctrina Truman en 1948 a través de la cual Estados Unidos declaró sus intenciones de frenar la expansión que había iniciado Stalin durante y justo después del fin de la guerra, tratando de ayudar a los pueblos libre a mantener su independencia nacional. Stalin a principios de 1945 impulsó la filosofía de la “Realpolitik”, según la cual, aquellos que ocupaban un territorio también imponían su sistema social, político y económico, es decir, cada dirigente imponía su propio sistema en la medida que su ejército avanzaba. Por supuesto, Estados Unidos defendía un sistema de valores, una democracia parlamentaria, los derechos individuales y la economía capitalista y, tras la Segunda Guerra Mundial, los políticos norteamericanos sintieron que era necesario implantar este sistema en todas las potencias que pudiera dado además que ellos habían financiado la mayoría de los esfuerzos bélicos de los aliados europeos.
Estados Unidos se postuló como la potencia protectora de la europea occidental, así cimentaría este derecho-obligación, de manera que cuando las tropas alemanas comenzaron a reconstruir la Europa occidental fue recibido como un acto de protección frente al poder soviético y no como una usurpación de sus países. De esta manera se sentaron las bases de la división del continente europeo. Esta se caracterizó fundamentalmente porque en la Europa destruida y empobrecida de la posguerra Estados Unidos personificó el bienestar material, la reconstrucción y el optimismo mientras que los proyectos de la URSS estaban atados a las ideas de represión, pobreza y carencia de Libertad.
En la Europa de 1945 se perdió algo más que una guerra. Las diferencias entre el Este y el Oeste empezaron a ser más latentes y el continente perdió como consecuencia identidad cultural, espiritual y política, de manera que Europa se convirtió en la primera y principal víctima de la consiguiente Guerra Fría. Se asumió un statu que en términos de poder y toma de decisiones en ambas regiones el cual fue más fuerte que los esfuerzos por salvar dicha línea divisoria. La situación poco cambio una vez finalizada la II Guerra Mundial y la división europea se convirtió en el eje orientativo para el diálogo entre Occidente y Oriente abarcando tanto negociaciones sobre comercio como de seguridad y desarme.
- Análisis Geopolítico
El geógrafo y político ingles Halford J. Mackinder, desarrollo la llamada teoría del “Heartland” también llamada la “teoría del corazón continental”. Esta se basa en ña ventaja estratégica que proporcionar poseer una gran extensión del territorio del centro del continente europeo, es decir, la superioridad del poder continental al poder marítimo. También trata de demostrar cómo una masa continental amplia proporciona una mayor capacidad defensiva mientras que, a su vez, es fuente de acontecimientos históricos clave como invasiones, inestabilidad, migraciones masivas o el surgimiento de nuevas potencias sucesivamente. Con su teoría trata demostrara el sentimiento de “claustrofobia” que sienten aquellos que han vivido y viven entre la Europa central/occidental y la Europa del este.
La teoría de la “Heartland” fue desarrollada entre los siglos XIX y XX, cuando el político trató de advertir a Reino Unido de que estaba perdiendo su posición hegemónica tanto en Europa como a nivel mundial debido al surgimiento de una nueva potencia: Rusia. El Imperio Ruso había alcanzado una enorme extensión por zonas siberianas y penetrado en la Asia central en una búsqueda de garantizar la seguridad frente a posibles enemigos externos. Esta expansión siempre ha ido dirigida a hacerse con salidas de mares navegables, ya desde que competía con el Imperio otomano por el mar negro o trataba de llegar al Índico desde Asia o enzarzarse con japón por una salida a Pacífico. Rusia estaba más interesado en una salida a grandes rutas comerciales marítimas que en el control de una gran masa terrestre.
La teoría de Mackinder se fundamentaba en dos ideas clave a finales del siglo XIX: la primera es la superioridad estratégica que proporcionan las líneas terrestres interiores (como ya se ha mencionado anteriormente) y la segunda es el progresivo poder y control del ferrocarril como medio de transporte frente a los barcos; Mackinder defendió la superiroridad del ferrocarril en su artículo “The Geographical Pivot of History” en la revista Democratics Ideals and Reality. Estas dos ideas reforzaban ya el concepto de superioridad del poder continental de Europa occidental frente a cualquier potencia marítima de Europa del este, a pesar de que la hegemonía la ostentase Reino Unido en el momento, es decir, una potencia marítima, aunque sería sustituida por otra potencia marítima: Estados Unidos.
La Unión Soviética se hizo por otro lado con la mayoría de las potencias continentales mientras mantenía la salida al Mar Negro, sin embargo, fue el amplio control marítimo lo que permitió a la potencia americana crear un anillo de contención entorno a la potencia euroasiática. Es por esto por lo que, de acuerdo con el profesor de Relaciones internacionales y Estudios Estratégicos de la universidad de Reading Colín S. Gray en su obra “In Defence of the Heartland: Sir Halford Mackinder and His Critics a Hundred Years On”, la teoría de la “Heartland” se aplica mejor si se la combina con la teoría del “Rimland” de Nicholas Spykman, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Yale.
3.2 El “Rimland” y el valor estratégico de la “Heartland”.
La teoría del “Rimland” también llamado como el “anillo continental”, expone una visión más marítima en alternativa o incluso complemento de la teoría del corazón continental como clave del control geopolítico mundial, esta fue formulada en su obra The Geography of Peace. Spykman pensó que la franja costera que rodea Eurasia y todas sus áreas marginales eran más importantes que esa masa continental de Asia Central que Mackinder denominó “Heartland” para el control del continente euroasiático porque así daba. Una mayor importancia al ámbito marítimo lo que consideraba fundamental para la comunicación con el resto del mundo y el comercio. Si bien de acuerdo con la teoría de Mackinder el control de la Unión Soviética del groso de los países continentales les proporcionaba una gran ventaja defensiva y ofensiva, la realidad es que esta ampliación se daba por la desesperada acción de tratar de controlar las costas como defiende Spykman.
La visión de Spykman fue adaptada la época después de la Segunda Guerra Mundial cuando la política estadounidense fundamento sus medidas de contención de la URSS en la teoría del “Rimland, defendiendo que para el mantenimiento de la seguridad occidental era necesario del despliegue de una fuerte presencia armada en base militares navales a lo largo del Rimland, lo que incluye: Asia menor, Arabia, Afganistán, Irán, el sudeste asiático, China, Corea y Siberia oriental exceptuando Rusia.
A lo largo de la historia existen pocos ejemplos que ayuden a demostrar las ventajas del “Heartland”, sin embargo, lo que mayor relevancia a tenido es la incuestionable capacidad defensiva que proporcionar el control de un inmenso territorio y que además cuente con amplios recursos agrícolas y mineros. Esta capacidad se ha venido a demostrar en los múltiples fracasos en el intento de conquistar Rusia, recordando a Napoleón y Hitler en los últimos siglos y la estrategia de tierra quemada. Pero, por otro lado, esta también se ha debido a la pobre calidad de las comunicaciones de la Heartland que la convertían al mismo tiempo en una fortaleza inexpugnable para cualquiera que intentase entrar y una prisión para el que quisiera salir.
Rusia y Europa occidental se sintieron siempre amenazadas entre sí y, si bien ambas adoptaron medidas en su mayoría defensivas, a menudo aceptaron lo que consideraron ataques desde más allá de sus propias fronteras. Los repetidos intentos de invadir Rusia desde Europa y ampliar la esfera de influencia de Rusia en Europa occidental siempre han tenido el mismo objetivo. En otras palabras, fue un intento de montar una defensa contra una amenaza y, en algunos casos, eliminarla.
3.3 Europa y las fronteras con el Este.
Rusia había conseguido acabar con el Imperio Sueco de Carlos XII, casi acabó con la Prusia de Federico II y golpearía a Napoleón de manera que nunca conseguiría recuperarse. La Unión Soviética conseguirá mantener la mayoría de los territorios que hubieron pertenecido al Imperio Ruso, con la excepción clave de Europa, donde se perdieron Finlandia, los Países Bálticos y Polonia. De nuevo la URSS se convertía en una amenaza para la Europa Occidental a la vez que las potencias occidentales se convertían en una gran amenaza para el régimen soviético. Los nuevos estados surgidos tras la desintegración de los imperios ruso, otomano y austrohúngaro eran visto desde occidente como puntos de contención frente a la amenaza soviética, sin embargo, estos nuevos países eran por lo general pobres y con una amalgama de minorías que provocaban una grave inestabilidad social por lo que difícilmente podían enfrentarse al ejército de la URSS. En respuesta, después de la Primera Guerra Mundial, se apoyaron en occidente dictaduras fuertemente anticomunistas, aunque no necesariamente occidentalistas tampoco. La ascensión de Hitler al poder fue una consecuencia directa de la tolerancia occidental con gobernantes autoritarios y dictatoriales con tal de que fuese anticomunistas.
Sin embargo, como ya se ha comprobado anteriormente en el análisis histórico, la victoria de los aliados tras la II Guerra Mundial supuso la imposición del control soviético en casi todos aquellos territorios que Stalin consideraba claves, es decir, todo el glacis defensivo desplegado desde occidente frente al Heartland se desmoronó. Pero, por otro lado, simultáneamente los países que no tuvieron más remedio que unirse al bloque oriental no dudaron en tratar de acercarse a bloque occidental, lo que tuvo mayor fuerza en el norte donde Rusia era vista como una enemiga histórica; fueron Polonia, los Países Bálticos y Alemania los que abrieron la fisura contra el Heartland.
3.4 La guarda europea del Heartland.
La geopolítica europea dio un giro de 180 grados con la desaparición de la URSS. Los países del este de Europa no tardaron en demostrar su interés en unirse a las principales organizaciones occidentales y estos a su vez no tardaron en facilitar su acceso a los mismos, comenzando por la OTAN y después la Unión Europea. Las relaciones volvieron a envenenarse tras el fin de la Guerra Fría en 1991 tan solo ocho años más tarde en 1999 cuando la OTAN decidió intervenir en Yugoslavia por la crisis Kosovo. La operación militar contra uno de los aliados de Rusia fue recibido como un abuso llevado a cabo por occidente. Al mismo tiempo, Zbigniew Brzezinski, el asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter determinó la pauta de la política norteamericana afirmando en su libro “El Gran Tablero Mundial” que para garantizar la extinción definitiva de la amenaza del Heartland sobre Europa occidental era necesario deshacerse de cualquier esperanza de que pudiera recuperar su poder hegemónico de antaño. Para esto es fundamental mantener Ucrania separada de Rusia; es decir, el nuevo glacis defensivo frente al corazón continental se situaba esta vez mucho más al este que como hasta el momento. El ingreso en 2004 de los tres Países Bálticos en la OTAN y en la Unión Europea y la candidatura de Ucrania y Georgia al ingreso de la OTAN provocaron de nuevo que Rusia adoptara un marcado carácter nacionalista y obsesionado con recuperar el poder de potencia mundial.
Como predijo Brzezinski, se ha desbloqueado la clave de toda una red de desconfianza, influencia y frustración en Ucrania. Desde el colapso de la Unión Soviética, Ucrania ha disfrutado de una relación más estrecha pero más volátil con Moscú que con la vecina Bielorrusia, que se convirtió de facto en un protectorado de Rusia bajo la dictadura de Lukashenko. En Ucrania, el sentimiento prorruso en el este contrastaba con las tendencias prooccidentales en el oeste. Los intentos de modernización han fracasado y la economía, que depende en gran medida de Rusia, ha caído en el desgaste y la corrupción.
En definitiva, la división entre los países de la Europa occidental y la Europa oriental no se deben únicamente hechos históricos sino a una división geográfica que viene determinada por concepciones opuestas sobre la mejor estrategia geopolítica y las consecuencias de tratar de alcanzar dicho ideal. Una lucha entre el Anillo Continental o la Tierra Corazón, el “Rimland” o el “Heartland”, Mackinder o Spykman, mar o tierra.
- Análisis económico
La integración económica de los Estados europeos, primariamente de la región occidental del continente, fue un estadio preliminar hacia una unión supranacional mucho más compleja fundamentada en el mercado común y la unificación de las políticas monetarias, así como políticas de defensa y seguridad. La unificación económica demostró su buen rendimiento desde la fundación en 1957 de la Comunidad Económica Europea; las condiciones del mercado interior quedaron fijadas y a finales de 1991 el volumen de exportación de la CEE sobrepasaba el 50% de las exportaciones de los seis Estados miembros del momento en su conjunto (sin contar un 70% más que Holanda, Bélgica, Irlanda, España y Portugal). De esta manera se previó estabilizar las economías de los Estados miembros con la consolidación de dicho mercado interior.
En los comienzos de la Guerra Fría, la creación de una unificación europea era el propósito de asegurar un papel prominente en la política y economía internacionales de la Europa occidental. En este contexto, se presencia un nuevo escenario determinado por el cambio; mientras que en la Europa occidental se busca la consolidación económica de los países más desarrollados, la también llamada postmodernización, en Europa del este se buscaba simplemente la modernización. La confluencia de ambas tendencias daba lugar a una tercera caracterizada por un movimiento de independencia que va más allá de la economía o política.
La postmodernización, hace referencia a las maneras en que el cambio se produce en las sociedades más avanzas. En este nuevo mundo, la organización del trabajo se fundamenta en la idea de una producción controlada por máquinas y sistemas de dirección descentralizados, así como por mercados de trabajo que sean funcionalmente flexibles. Mientras, en Europa del este, los países que pertenecían al bloque comunista empiezan a vivir un proceso de modernización; en este se busca recuperar la modernidad adoptando y transicionando hacia economías de mercado descentralizadas y pasando de regímenes totalitarios hacia democracias liberales. Sin embargo, la diferencia en el ritmo de adopción de dichas medidas agrandaría la brecha evolutiva entre los países de la Europa occidental y la Europa Oriental, empeorando sus divisiones si bien tratando de acercarse cada vez más, al menos, en el plano económico. La sociedad que llevaba quebrada casi un siglo empieza a reconstruirse y para hecho se enzarzan en luchas internas entre las fuerzas democráticas y las involutivas.
En las economías de la postmodernización se configuran dinámicas de integración a nivel transnacional, mientras que en la aún modernización se establecen una serie de pautas en un conjunto de estrategias dirigidas a reconstruir las infraestructuras básicas de loes estados y sustituir las prácticas de economía centralizadas. En la postmodernización, se buscaba la transformación del estado de bienestar, si bien no su extinción, pero centrada en la descentralización de los servicios tradicionales; por otro lado, en la política económica de modernización tenía como objetivo principal la reforma de las instituciones públicas con el fin de adaptarlas al desarrollo del estado de bienestar.
Nuevas formas pluralistas y comunitarias de cooperación y competencia, vistas como patrones convergentes, son el resultado de su interacción. Lo que describen no es sólo una reconciliación entre Europa occidental y oriental. Todavía existen amenazas tanto para el futuro de Europa como para nuestro futuro común. La importancia de este enfoque pone en duda la legitimidad y, en última instancia, la viabilidad de la política eurocéntrica. En cambio, propone un escenario europeo policéntrico como uno de los posibles escenarios que produciría este movimiento hacia la interdependencia.
4.2 La interdependencia económica entre las dos Europas
En este punto se plantea una cuestión de interdependencia económica entre los principales Estados europeos, con relaciones que van desde la dependencia sin más hasta la influencia mutua de manera institucionalizada hasta niveles transnacionales e interestatales. En este ámbito, Brigid Laffan politóloga irlandesa y profesora emérita del Centro Robert Schuman de Estudios Avanzados del Instituto Universitario Europeo, ha sintetizado tres enfoques respecto de la interdependencia y cooperación económica europea. Estos tres enfoques van desde el federalismo, cuya idea principal es la de una integración a través de un gobierno europeo que garantice la unida a todos los niveles, pasando por el funcionalismo, el cual defiende una cooperación puntual en temas de especial relevancia, y el intergubernamental que propicia reservar espacio para la autonomía estatal frente a las relaciones comunitarias, hasta la interdependencia que busca la cesión de parte de las soberanía nacionales hacia instituciones transnacionales y, finalmente, la integración diferenciada en la cual se concibe la idea de la “Europa de las dos velocidades” o una “integración gradual.”.
Durante años la Europa de occidente se ha agrupado sobre si misma ante dificultades económicas que los han llevado a la convergencia legislativa. Así se comprobó tras la segunda guerra mundial con el plan de recuperación y reconstrucción económica denominado como Plan Marshall gracias, eso sí, a fondos norteamericanos, dejando en la recesión económica y sin ningún amparo a los países que estaban bajo la cúpula de la Unión Soviética. Así, se iniciaría todo un recorrido de construcción de múltiples organizaciones económicas que contribuirían poco a poco y cada vez en mayor medida a la colaboración y estabilidad económica; desde 1948 con la creación de la Organización para la Cooperación Económica Europea, pasando por la EFTA en 1960 para garantizar el libre comercio como alternativa a la CEE. En definitiva, la Comunidad se consolidó como la principal agencia encargada de gestionar la cooperación interestatal entre los países de la Europa occidental, pero tratando de crear una red de seguridad para sus estados miembros pero que indudablemente afecta similarmente a Europa del este.
De hecho, su acercamiento económico vino posibilitado por las políticas de ayuda que la Comunidad inició a finales de los ochenta; en 1989 se acordó el Programa de Asistencia para la Reconstrucción Económica de Polonia y Hungría (PHARE), poco después la misma se extendería a toda Europa del este. Desde entonces la Comunidad ha ido formalizando acuerdos con los antiguos países comunistas que ayude a la colaboración. Sin embargo, el proteccionismo comunitario y el tiempo necesario para invertir en estas reformas dificultan mucho el acercamiento para salvar dicha división. Los países de Europa del Este tampoco tienen experiencia en cooperación, lo que dificulta acordar una estrategia para las relaciones multilaterales.
4.3 El nuevo orden liberal
Es en este momento cuando empieza a plantearse un nuevo orden liberal que se extienda a todo el continente. Pero, un orden liberal se configurará cuando: Se forma cuando la dependencia es reemplazada por la interdependencia, es decir, cuando las políticas de intercambio (tanto competitivas como cooperativas) reemplazan a las políticas de apoyo. Cuando la brecha actual entre los países desarrollados y en desarrollo se cierre mediante la recuperación económica en el Este. Cuando la nueva democracia perdió todo el patrocinio occidental. Cuando la seguridad sea reemplazada por la seguridad mutua entre regímenes democráticos. La coalición de estados que surja de la asociación actual determinará en última instancia qué tipo de orden se puede formar. Pero al mismo tiempo, el surgimiento del orden liberal extendió el proceso de construcción de Europa más allá de las fronteras de la Unión.
Para tratar de garantizar un camino conjunto entre Europa Occidental y Europa del este hacia un orden económico común y estable para todo el continente es necesario desarrollar un primer paso de una hipótesis de trabajo que identifique algunas de las razones que limitan los riesgos de la idea de una Europa “fortaleza” al comprender la construcción de Europa en un contexto más amplio: un contexto que incluya miembros activos y potencialmente iguales de la nueva Europa del Este.
5. Análisis de la Integración Europea
La nueva Europa se encuentra en una etapa que se caracteriza por una situación política inestable y volátil, es decir, es un escenario dialectico cargado de tensiones. Por un lado, en occidente, se vive un complejo sistema de interdependencia en un proceso de negociación, pero, al mismo tiempo, en un cierto grado de desintegración; de manera que los mercados europeos se internacionalizan, mientras q a la vez el número de Estados, mercados y naciones. Por otro lado, en el este, las economías han sido desmanteladas mientras se produce un estallido de violencia, a lineación y destrucción; esto no hace más que subrayar de construir un nuevo oren paneuropeo después de los regímenes comunistas.
De esta manera, los procesos de integración y desintegración que pone aprueban Europa se viven de manera simultánea en la total desconexión. En el proceso de volver a una Europa unida presenta dos aspectos diferentes: las naciones de Europa oriental se enfrentas a un futuro fluctuante para el cual no están preparadas mientras, las naciones de Europa occidental se enfrentan a su pasado y su papel en la división europea. Las instituciones y estructuras en las que descansas las medidas de integración Europa son el eje central del nuevo paisaje europeo, sin embargo, el magnetismo que producía la Comunidad Europea se ha ido desvaneciendo a medida que occidente ha sido incapaz de majeas las principales materias implicadas en la transformación e integración. A su vez, es evidente que los principios de cooperación transnacional y supranacionalidad no son los que han adoptado la totalidad de Europa del este.
La realidad es que la mayoría de los Estados miembros de la Comunidad Europea no han reparado en emprender reformas estructurales dentro de sus propios estados en Oeste que, en última instancia, son cuestiones que implican la transformación del Este. Además, esta se mostró poco favorable a asignar a la Unión Europea la “Ostpolitik” como competencia, así como habían sugerido las propuestas francoalemanas en materias de política exterior y seguridad común en la Conferencia Intergubernamental sobre la Unión Política. En lo que se trata a las relaciones e integración económicas, la meta de reconstruir la capacidad de intercambio entre los mercados orientales y occidentales ha fracasado; tras la Segunda Guerra Mundial, los niveles de integración ya solo pueden recuperarse con muy altos costos.
En el sentido político, existen múltiples debates abiertos en relación a la ampliación de la UE y, a su vez, de la OTAN con la aceptación de nuevos miembros, mientras a su vez las garantías en materia de seguridad nacional y los retrasos en las negociaciones sobre comercio que perjudican también los procesos de democratización perjudican gravemente la integración europea de los países del este. Es por esto que resultan débiles los incentivos dirigidos tanto para tratar de superar la crisis institucional de Polonia, poner fin a las políticas nacionalista de Hungría o Eslovaquia, para garantizar de manera factible los derechos fundamentales de las minorías en los países bálticos o para conseguir que se afiancen instituciones democráticas en Ucrania y Rusia.
Como consecuencia de las constantes decepciones mutuas entre oriente y occidente, el modelo de democratización de este último y su economía de mercado ha dejado de constituir un principio rector para el desarrollo de los países del este. Esta recencia desemboca, inevitablemente, en la reducción del compromiso occidental de participar en la integración en áreas fundamentales: la evolución de las antiguas economías intervencionistas hacia economías liberalistas se verá cada vez menos apoyada por enfoques occidentales, las ayudas que reciben estos Estados

FUENTE: The Vienna Institute for International Economic Studies, 2002.
En este Gráfico se puede observar como las economías en términos de PIB de los países de la Europa del este a lo largo de una década siguen quedando muy por debajo de la Unión Europea.
5.2 La reestructuración de la Unión Europea.
Es evidente, que la división fundamental entre la Europa occidental y la Europa del este, si bien, como se ha analizado hasta ahora, bien determinado por múltiples factores históricos, económicos y geopolíticos, la brecha está claramente delimitada por los países que se encuentran dentro de la Unión Europea (en su mayoría occidentales) y los que no (mayoritariamente orientales). El puesto de miembro de la Unión es el santo grial para muchos Estados que ponen casi todos sus esfuerzos en formar parte de ese exclusivo club de “señores de Europa”, es por esto por lo que sus principales problemas internos, como el desarrollo de un sistema europeo de gobierno estable y el mantenimiento del equilibrio federal, se agudizan con la ampliación de sus miembros. La política de la Unión está enfocada principalmente a la resolución de problemas en las relaciones con sus estados, esto implica resolver los que vengan acompañados por la extensión del marco integrador de los países de la antigua URSS.
Es por ello por lo que es necesario analizar los riesgos que implican la ampliación de la Unión Europea, entre ellas: un descenso del eficaz ejercicio de las funciones políticas y la pluralización de las preferencias particulares de cada Estado; la permanente presencia de conflictos que contribuirán a la fragmentación de la Unión y la creación, una vez más, de bloques enfrentados; y una falta de capacidad institucional de dirigir y tomar decisiones que daría lugar a una lucha abierta por el poder.
Para poder reducir estos riegos y garantizar así la integración de los países del este con el objetivo de salvar la división histórica entre ambas regiones, la Unión Europea debe reforzar sus procedimientos y mejorar la efectividad de su liderazgo político. Es decir, debe asegurarse, por un lado, de que sus instituciones y órganos no alcanzan dimensiones que sean inmanejables y, por otro lado, que alcancen un nivel de transparencia y eficacia que se ganen la aceptación de los ciudadanos europeos. Sin embargo, para alcanzar esto es fundamental primero adoptar una reforma del sistema presidencial del Consejo Europeo y del Consejo de Ministros. Así como seria favorable repartir responsabilidades en materias de Política Exterior y Seguridad Común estableciendo presidencias separadas.
5.3 La integración diferenciada y los acuerdos europeos.
Es muy probable que la Unión Europea se divida en varios bloques. De esta manera se pueden formar bloques de países pequeños y bloques de países pobres. También puede haber clubes formados por gobiernos estatales que sean donantes netos. De particular interés es la hipótesis de que podrían existir dos bloques: el bloque suroeste de Europa
Francia también controla el bloque en el noreste de Europa, en el que Alemania se convertiría en el punto central donde confluirían las preferencias e intereses de sus integrantes. Francia y Alemania comparten la responsabilidad del liderazgo. Ambos estados tienen, en mayor medida que otros, la obligación de reconciliar intereses en conflicto, resolver los conflictos que surjan de la separación de poderes y ayudar a mantener el consenso de la Unión.
Sin embargo, Francia y Alemania deberían tomar iniciativas para permitir una integración diferenciada si los desarrollos previstos muestran signos de riesgo. Dado que las políticas exteriores de ambos países giran en torno al proceso de integración, se puede argumentar que intentarán formar uno o más núcleos de integración para salvar el proceso. En este sentido, se proponen tres modelos. Unificación temprana para crear un núcleo europeo basado en el Acuerdo de Maastricht sobre la Unión Económica y Monetaria; la creación de una unión política independiente de la unión monetaria y, finalmente, la creación de una unión política compuesta por los estados miembros de la Unión Europea Occidental (UEO). Esta versión sitúa a la Unión de la Seguridad en el centro del proceso de integración profunda.
Tan pronto como la Unión Soviética se hubo desmantelado, se llevaron a cabo, medidas de ayuda para apoyar los procesos de reforma de los nuevos Estados liberados a través de programas de asistencia financiera y técnica, entre los que se encuentran: el programa PHARE para la recuperación económica de Polonia y Hungría y préstamos del banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD). Esto se amplió hasta que, en 1992, funcionaría bajo el nombre del programa TACIS, es decir, Asistencia Técnica a la comunidad de los Estados Independientes.
En términos de creación de orden político, sólo el acuerdo europeo representa un compromiso político tanto del Este como del Oeste. Las solicitudes de adhesión pronto ocuparon un lugar destacado en las agendas políticas de Polonia, Hungría y Checoslovaquia. Esto se convirtió en sinónimo del éxito de la reforma, un objetivo que podría compensar los sacrificios involucrados en el proceso. La Comunidad Europea no fue verdaderamente receptiva hasta la Revolución de Moscú de 1991. La CE consideró que estos países no podían optar completamente a ser miembros, porque no cumplían muchos de los requisitos económicos ni muchas de las condiciones políticas y constitucionales para ser ello. Como solución a este dilema, el Acuerdo Comunitario (Acuerdo Europeo) parecía un vehículo apropiado para dar forma a la transición.
Después de un difícil proceso de negociación, se suspendieron temporalmente y en diciembre de 1991 se firmó un acuerdo europeo con Checoslovaquia, Polonia y Hungría. La naturaleza del proceso de negociación muestra que algunos estados miembros de la UE percibieron la apertura a través de estos acuerdos como una solución que no les proporcionaba ningún beneficio y que tendría que adaptarse a los asuntos contemplados en las agendas internas de los Doce del momento.
Las dudas sobre la verdadera voluntad de la Comunidad Europea de prestar apoyo han demostrado la eficacia del acuerdo europeo como factor estabilizador capaz de contrarrestar la inestabilidad y los conflictos internos de las nuevas democracias.
A diferencia de otros acuerdos comunitarios, el Acuerdo Europeo tiene una orientación política. Como órgano político, el Consejo Comunitario, que se reúne al menos una vez al año a nivel ministerial, debe, además de discutir cuestiones relacionadas con la implementación del acuerdo, promover un diálogo político permanente que permita el desarrollo y aplicación en continuidad del acuerdo. acuerdo. Firma un contrato. condiciones. Al igual que el resto del Acuerdo Comunitario de la CE, el Consejo Comunitario cuenta con el apoyo de un comité parlamentario conjunto que reúne a representantes de ambas partes para ampliar el diálogo entre Oriente y Occidente. A mediano plazo, se espera que los foros tanto administrativos como políticos y parlamentarios puedan generar consenso, confianza y conocimiento, que son requisitos no económicos esenciales para un éxito total, junto con la acción política comunitaria.
5.4 La paz y seguridad
Como resultado del fin del conflicto Este-Oeste, la situación de seguridad en Europa ha mejorado en parte y en parte ha empeorado. La amenaza de un conflicto nuclear a gran escala prácticamente ha desaparecido. Sin embargo, poner fin y eliminar el legado militar del conflicto de Europa del Este y limitar la proliferación de armas y tecnologías clave siguen siendo desafíos clave para la seguridad. Al mismo tiempo, algunos conflictos nuevos se han convertido en guerras convencionales. Actualmente, hay tres regiones en crisis que causan una inestabilidad generalizada: la península balcánica, el sur del Cáucaso y el Mediterráneo.
Por lo tanto, la principal tarea que enfrentan los líderes políticos occidentales es adaptar su red de organizaciones de seguridad a las nuevas realidades y crear organizaciones que representen efectivamente su política exterior y sus intereses de seguridad. Por un lado, está la cuestión fundamental de modernizar la política de defensa común y la defensa colectiva de Europa occidental para disuadir la agresión externa.
Debido a la existencia un tanto confusa y simultánea de varias agencias de seguridad, se debe implementar un sistema de seguridad occidental que tenga en cuenta las necesidades de seguridad de Estados Unidos y Europa. adoptar un sistema inclusivo a distintos niveles diferentes.
A nivel europeo, la Unión Europea Occidental (UEO) podría coordinar la defensa territorial integrada. Sus estructuras de planificación y mando serían compatibles con las de la OTAN. La UEO, considerada el pilar europeo de la Alianza Atlántica, tendría la capacidad de combinar los recursos y definir las responsabilidades de los Estados miembros en el contexto de la OTAN.
Se mantendría una fuerza de disuasión nuclear, que representa el último recurso político para la Alianza, en manos de Estados Unidos en América del Norte, y en manos del Reino Unido y Francia en Europa.
Las unidades conjuntas, basadas en acuerdos bilaterales o multilaterales, se asignarían a la UEO o la OTAN según su función correspondiente.
En el caso de la adhesión a la Unión Europea, los Estados de Europa Central se convertirían en miembros de la UEO, participarían en el proceso de integración defensiva y gozarían de la protección completa de la Alianza. Una pronta integración de estos Estados en la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) conllevaría la necesidad de una rápida integración en la UEO y la OTAN.
Después de establecer una capacidad defensiva de este tipo, la política europea estaría en condiciones de renovar la asociación transatlántica con Estados Unidos.
- Conclusiones
División Compleja; La división entre Europa Occidental y Europa Oriental es un problema multifacético, influenciado por factores históricos, políticos, económicos y culturales.
Impacto de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría; Estos eventos globales influyeron significativamente en la división, con Europa Occidental alineándose con los Estados Unidos y Europa Oriental alineándose con la Unión Soviética.
Teorías Geopolíticas; Las teorías del “Heartland” y “Rimland” de Halford John Mackinder y Nicholas Spykman respectivamente, ofrecen valiosas perspectivas sobre la importancia estratégica de la ubicación geográfica en la división.
Disparidades Económicas; Aunque las economías de Europa Occidental y Europa Oriental son interdependientes, persisten las disparidades. La transición de economías socialistas a capitalistas en Europa Oriental ha sido un desafío y ha ampliado la brecha económica entre las dos regiones.
Integración de la Unión Europea; La integración de los países de Europa Oriental en la Unión Europea se ve como un paso crucial para superar la división. Sin embargo, este proceso está lleno de dificultades, incluyendo disparidades económicas, inestabilidad política y opiniones divergentes sobre el ritmo y la extensión de la integración.
Futuro de Europa; El futuro puede implicar una integración más diferenciada, con la posibilidad de múltiples bloques dentro de la Unión Europea. Esto podría potencialmente conducir a un panorama político más complejo y volátil.
Solución Potencias; Un nuevo orden liberal que se extienda por toda Europa podría ser una solución potencial a la división. Sin embargo, esto requeriría reformas económicas, políticas e institucionales significativas, así como un compromiso con la seguridad y la cooperación mutua